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    Refugiados en Chad, víctimas del medioambiente

    ACNUR - María Jesús Vega // Rosa Otero, Departamento de Información pública - Delegación España ACNUR / Abeché, Chad / 17.12.2009
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    Mujeres refugiadas en Chad recogen agua. Foto: ACNUR / A. Rehrl

    La devastación ecológica en los campos de darfuríes en Chad se agudiza a pesar de los esfuerzos del ACNUR y otras agencias humanitarias, provocando empeoramientos en la seguridad alimenticia de las personas refugiadas.

    Las dos cosas que descubren los trabajadores humanitarios apenas llegan al este de Chad son la falta de agua y la arena que parece meterse en todos lados. Con el cambio climático, es probable que la situación empeore, menos agua y una progresiva desertización del terreno semiárido.
    Tartar de tomar un baño en Abeché, la principal ciudad del este de Chad, es un ejercicio mayúsculo para las personas habituadas a un flujo regular del agua limpiadora y balsámica de las duchas en países más desarrollados. El agua sólo está disponible durante un par de horas cada cuatro o cinco días y los grifos se dejan abiertos para el momento mágico en el que el flujo de H2O sale a borbotones para ser recolectado en una variedad de ollas, cacerolas y cubetas.
    Para los locales y los 250 mil sudaneses refugiados que viven no muy lejos en los 12 crecientes campos gestionados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, lavarse es un lujo inasequible. Luchan para conseguir sólo los 15-20 litros diarios de agua recomendados para beber, cocinar y limpiar el polvo y la arena de sus manos y caras. Muchos sólo pueden conseguir 5 ó 6 litros.
    En las mejores épocas, el agua es un recurso escaso en el este de Chad pero cuando se vive junto con otros miles de personas refugiadas en un campo, se vuelve un tema prioritario. Además, hay signos de que la cantidad de lluvia al año está bajando y bajando, afectado tanto al agua como al suelo y la flora.
    ACNUR y sus socios, incluyendo el Gobierno de Chad, se ocupan de los efectos del cambio climático con programas dirigidos a mejorar la administración de los menguantes recursos hídricos y refrenar la desertificación plantando árboles en uno de los países más secos y calientes de la Tierra.
    Y se está haciendo más seco, con niveles de lluvia particularmente bajos en 2009. En la ciudad de Iriba, que alberga a 55 mil sudaneses refugiados de Darfur en tres campos, sólo cayeron 135 milímetros desde que comenzó el año, de acuerdo con las cifras ofrecidas por el Ministerio de Medioambiente chadiano, en comparación con los 355 milímetros caídos en 1950.
    Hoy en día, la lluvia es demasiado escasa como para mantener a raya la desertificación en progreso; las plantas no pueden sobrevivir por mucho tiempo sin agua suficiente en el suelo. Y debido a las extremadamente pobres precipitaciones de este año, las Naciones Unidas (ONU) pronostican una crisis alimentaria para varios millones de personas en Chad y otros países del Sahel en 210.
    Lo que es más, la evaporación, el desvío de agua para agricultura y la desertización han provocado que el, una vez poderoso, Lago Chad  reducir su tamaño de los 25 mil kilómetros cuadrados que tenía a comienzos de la década de 1960 a sólo 3 mil kilómetros cuadrados hoy. Los fuertes vientos mueven la arena del Sahara hacia el sur a través del lago.
    La falta de agua y el suelo seco no sólo afectan la biodiversidad sino que mantienen las cosechas en niveles bajo. Como resultado, los animales no obtienen suficiente pastura y muchos mueren de desnutrición y enfermedades relacionadas, afectando la cadena alimentaria.
    Mientras tanto, la agencia de refugiados de la ONU ha estado trabajando en Chad para contener la desertización y mitigar los efectos de las menguantes reservas de agua y el alto consumo. “La única forma de combatir la desertización a largo plazo, es comprometerse con grandes programas de reforestación”, dijo Andrea Masini, funcionaria de medioambiente de ACNUR. Desde 2006, el ACNUR ha planteado 300 mil árboles jóvenes por año en Chad, de los cuales ha sobrevivido el 60 por ciento. Los refugiados y los locales han plantado otros 1,2 millones de árboles, incluyen especies forestales tales como acacias y árboles frutales como limón y mango.
    En un intento aún mayor de detener la desertificación, ACNUR y sus socios han proporcionado leña a los refugiados que de otro modo hubieran salido a cortar árboles y arbustos, una práctica prohibida por el gobierno. Se han introducido en Chad y otros países fuentes alternativas de combustible, tales como gas y biogas, junto con estufas de bajo consumo y cocinas de energía solar.
    Para proteger las escasas reservas de agua del este de Chad, el ACNUR y el Ministerio de Medioambiente han estado implementando una estrategia más sostenible. El programa de tres años utiliza una combinación de técnicas modernas y tradicionales. En el primer año, se han cavado nuevos pozos de agua y excavaciones de combustibles en torno a los campos y las aldeas circundantes, mientras que un equipo especial busca nuevas reservas subterráneas.
    También este año, se ha enseñado a las comunidades de refugiados y locales a utilizar diferentes fuentes de agua para propósitos diferentes: beber, para el ganado, para cultivar y construir. En el siguiente paso, se reemplazarán las bombas eléctricas por bombas manuales que son más fáciles y más económicas de mantener.
    Como los pozos se llenarán naturalmente cada año en la estación de lluvias, de julio a septiembre. Construyendo pozos tradicionales en bajos de ríos secos, se preservarán las reservas de agua que se hallan profundamente bajo el desierto.
    Trabajando contra los efectos del cambio climático hoy, el personal humanitario, los refugiados y los locales ayudarán a las futuras generaciones para que continúen utilizando los recursos de la Tierra en este árido rincón del mundo.

    La desnutrición infantil también es una consecuencia del cambio climático

    Incluso en medio de la estación de cosechas, la desnutrición severa no se ha reducido en Abeché, Chad, en base al tonelaje del alimento terapéutico Plumpy Nut proporcionado a los niños y niñas menores de 5 años.
    “El número [de menores que reciben Plumpy Nut] debería comenzar a bajar ahora, pero no lo ha hecho”, dice la oficial de nutrición del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), Jean Luboya en su oficina de Abeché.
    De junio a septiembre, la estación de lluvias, cuando los granjeros se van a los campos del este a cultivar, los mercados están más desprovistos y los centros de nutrición y las salas de desnutrición del hospital regional distribuyen unas seis toneladas métricas de Plumpy Nut al mes. Las cifras normalmente decrecen tras la cosecha a 3,5 toneladas métricas al mes, de enero a abril, según la oficina de UNICEF en Abeché.
    Pero en 2009, hasta ahora la distribución no se ha cambiado mucho con respecto a agosto, confirma Luboya. El crecimiento de la población, el incremento de los precios y la reducción de la temporada de crecimiento son todos culpables de los altos niveles de desnutrición dijo Luboya a IRIN.
    A causa de las lluvias, tardías y esporádicas durante este año, el Gobierno ha estimado una caída del 34 por ciento en la producción nacional de cereales con respecto a las 1,7 millones de toneladas del año pasado. La National Food Security Office (ONASA) ha informado que hay una reserve de 9 mil toneladas, un cuarto del objetivo.
    Desde comienzos de este año, el hospital regional de Abeché ha tratado a 419 niños y niñas por desnutrición severa aguda. El hospital continúa admitiendo a 60 menores más cada mes, lo cual es superior a lo normal en este período del año, según UNICEF.

    ACNUR advierte sobre el impacto migratorio del cambio climático

    El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), António Guterres, advirtió el 16 de diciembre que el cambio climático será la mayor causa de desplazamientos de personas en un futuro no muy lejano.
    En la Cumbre sobre Cambio Climático, que se celebra en Copenhague, Guterres señaló que el fenómeno obligará a millones de personas a abandonar sus hogares debido a los conflictos generados por la falta de recursos.
    Agregó que la distinción entre refugiados y migrantes es cada vez menos clara debido a una combinación de factores como la pobreza, la inseguridad alimentaria, las catástrofes naturales y las guerras.

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