El autor analiza los motivos que llevan a que una situación sea definida como “la peor crisis humanitaria del mundo”, vinculando esta etiqueta a la elevación de la presencia mediática y los intereses políticos ulteriores.
Por ejemplo, indica: “El perfil mediático de Darfur se disparó enormemente una vez que la etiqueta ‘’la peor crisis humanitaria del mundo’ fue aplicada, aunque técnicamente la frase utilizada fue ‘la mayor catástrofe mundial humanitaria y de derechos humanos’. Esto es comúnmente estandarizado como ‘la peor…’”.
Al final del artículo compara la situación de Darfur con, por ejemplo, el tsunami en la costa oeste de Sumatra, ocurrido el 26 de diciembre de 2004. En este sentido, indica que el tsunami no fue descrito como “el peor del mundo” porque “la magnitud de desastre era elaboradamente obvia, no se requería una amplificación para que encabezara las agendas. En esta ocasión, no había una jerarquía obstructiva de escépticos diplomáticos, políticos, periodistas, editores o lectores que necesitaban ser convencidos de su valor noticioso. El mundo se inclinó a la acción en este caso de un modo en el cual no lo hace en otras situaciones, más complicadas que, como ha mostrado Darfur, realmente requieren algún esfuerzo de publicidad”.